¿Realmente valgo?

¿Realmente valgo?

En julio de 1975, la banda Fleetwood Mac estrenó la canción «Landslide» («Derrumbe»), escrita y cantada por Stevie Nicks. Ella explicó posteriormente que esta canción describía una época difícil de su carrera musical. A medida que pasaba el tiempo, mantener una posición relevante en la música se convirtió en un gran reto. Su compañía discográfica la había abandonado, y la relación con su pareja se había deteriorado. Ya que casi no tenía opciones en su carrera, su padre le ofreció pagar sus gastos de estudios para que comenzara de nuevo. Durante esa temporada difícil, visitó las Montañas Rocosas en Aspen, Colorado. Escribió la canción «Landslide» en aproximadamente cinco minutos mientras reflexionaba en medio de montañas cubiertas de nieve.

Se especula mucho sobre la «avalancha» metafórica que cayó sobre la protagonista de la canción. La letra comienza hablando de una mujer que contempla su reflejo y enfrenta con honestidad sus temores. Ella está abrumada por el cambio y la inestabilidad en su vida, y se pregunta si podrá navegar por las aguas turbulentas y controlar el caos de las estaciones cambiantes. ¿Cuántas personas han sentido lo mismo? Los cambios en la vida pueden ser cruelmente devastadores. Perder a un padre, a un cónyuge o a un hijo puede quebrantar por completo el espíritu. Perder un empleo puede desestabilizar incluso a las personas más seguras. La pregunta es: «Cuando el suelo tiemble, ¿podré mantenerme en pie?».

En esta canción, una mujer mira hacia atrás y reflexiona sobre su juventud, sus logros y fracasos y el paso del tiempo. Dice que ha temido el cambio y que ha construido todo su mundo en torno a una persona falible. Momentáneamente, cae en la nostalgia y la desesperación. La palabra que quizás le causó más problemas, «reflexión», es poderosa, pues cada mirada en nuestro reflejo puede suscitar una pregunta pequeña pero persistente: «¿Realmente valgo?».

La Escritura concede la respuesta… Considere cuántas veces al día una mujer puede ver su reflejo. Puede despertarse y pasar un tiempo considerable frente al espejo del baño. Puede mirarse en el espejo de su auto o ver su reflejo en la ventana de una tienda. Puede ver su reflejo en la cámara de su teléfono. Aunque no mire su reflejo en montañas cubiertas de nieve, ella puede entender el sentimiento, pues también carga el peso del mundo sobre sí.

Considere que incluso una mujer cristiana puede despreciar su propio reflejo. Puede ver la decepción o el fracaso en lugar de reconocer que es hija de Dios. Puede verse abrumada por expectativas poco realistas o tentada a ceder ante la ansiedad o la depresión. Este peso es aún más abrumador dada la cultura de comparación en la que ahora vive. Las redes sociales se han convertido en espejos virtuales que proyectan una imagen ilusoria, pues fomentan la perfección filtrada y la comparación con los demás.

Muchas personas que caen en la trampa de la comparación terminan perjudicando su salud mental. No solo se alejan de Dios, sino que también pierden por completo su identidad personal. La sabiduría popular puede aconsejar a una mujer que deje de obsesionarse con el pasado y de compararse con otros, y que, más bien, se deshaga de la desilusión que siente al ver su reflejo. Aunque este consejo puede ser bueno, a menudo resulta difícil de implementar. Otra sugerencia podría ser mirar hacia adelante. Sin embargo, la Escritura ofrece una dirección diferente: ¡los cristianos debemos mirar hacia arriba!

Solo hay un reflejo que promueve la perfección, la justicia y la honestidad. Solo un reflejo proporciona un modelo adecuado para el éxito, el amor, la paz y la esperanza. Nuestra única esperanza es mirarnos en el espejo y ver el reflejo de Jesús. El autor de Hebreos dice que debemos mirar a Jesús, «el autor y consumador de la fe» (Hebreos 12:1-2). Pablo también expresó esta idea, diciendo: «Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra» (Colosenses 3:1-2).

Mirar hacia un futuro mundano genera duda, ansiedad y temor. Mirar a Jesús produce refinamiento, resistencia y esperanza. Según 1 Pedro 1:6-7, cuando somos «afligidos en diversas pruebas», la autenticidad de la fe se manifiesta en alabanza, gloria y honor a través de Jesús. Pedro llama a esta fe «mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego». Esto implica que las pruebas, como el fuego del refinador, purifican la fe y fomentan la fortaleza y el valor.

En la antigüedad, el refinador colocaba el oro en la parte más caliente del fuego y permanecía cerca, observándolo con atención constante. El calor hacía aflorar las impurezas ocultas. Cuando aparecían, el refinador las retiraba cuidadosamente y repetía el proceso una y otra vez. El metal permanecía bajo su vigilancia en todo momento. El refinador no actuaba con ligereza ni descuido. Su trabajo continuaba hasta que la superficie se volvía calma y brillante, lo bastante clara como para reflejar el rostro de quien la vigilaba.

La Escritura describe la obra de Dios de manera similar. Él conoce nuestros tiempos de tensión e incertidumbre. Él está presente en todo momento. Es paciente con el proceso lento que moldea nuestra fe. Con el tiempo, las cargas que parecían abrumadoras se vuelven más fáciles de llevar. La resistencia y la esperanza reemplazan el miedo que nos paralizaba. Aunque no podamos verla, Su obra sienta las bases para una vida que cada vez más refleja la imagen de Cristo.

Considere, por un momento, la frase «consumador de la fe» en Hebreos 12:2. Jesús ayuda a superar las pequeñas distracciones o los grandes tropiezos que sacuden temporalmente nuestra fe. Sin duda, habrá cambios devastadores en la vida. Estos dejarán su huella, pero Jesús los usará para ayudarnos a encontrar la paz. A través del proceso, nuestra fe llegará a ser más pura y concentrada.

En 2 Corintios 4, Pablo escribió que, puesto que los cristianos tenemos el poder insuperable de Dios, somos atribulados en todo, pero no nos angustiamos. Señaló que los cristianos están «en apuros, mas no desesperados». Señaló que por fuera nos desgastamos, pero por dentro nos renovamos. Sobre todo, instó a no perder el ánimo, pues «aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día» (v. 16). Prometió que esta «leve tribulación momentánea» nos prepara para la gloria eterna sin comparación, ya que no ponemos nuestra mirada en las cosas que se ven, sino en las eternas.

Varios pasajes del Antiguo Testamento presentan la idea del fuego del refinador (Isaías 43:2; Job 23:10; Malaquías 3:3), una metáfora que muestra que Dios nunca está lejos cuando los cristianos sufren. Él observa con cuidado, de manera personal y atenta, guiándonos a través de los fuegos de la vida y ayudándonos a salir ilesos. El rey David expresó la idea de esta manera: «Porque tú nos probaste, oh Dios; nos ensayaste como se afina la plata. Nos metiste en la red; pusiste sobre nuestros lomos pesada carga. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestra cabeza; pasamos por el fuego y por el agua, y nos sacaste a abundancia» (Salmos 66:10-12).

El fuego del refinamiento ofrece a la mujer cristiana lo que los espejos y las redes sociales no pueden ofrecer: belleza verdadera y purificada que, en vez de reflejar su propia apariencia, refleja la vida de Aquel que pagó por su salvación. A través del fuego del refinamiento, la mujer comprende que la belleza no está en la juventud, en el éxito ni en la aprobación humana, sino en su corazón renovado por la bondad de Dios y Sus promesas, y comprado con la sangre del Cordero. Tal belleza es el reflejo de Aquél que llevó nuestros pecados y nuestro dolor (Isaías 53:4-5).

Hermana, si está envejeciendo, ha perdido a un ser querido o se siente exhausta y le resulta difícil encontrar la paz, recuerde que no ha sido olvidada. Si enfrenta cambios aterradores que le llenan de temor paralizante, sepa que fue llamada según el propósito de Dios y que todas las cosas le ayudan a bien (Romanos 8:28). No está siendo destruida. Al contrario, está siendo refinada para que su pureza, a través de Jesús, brille cuando se presente ante Dios.

Publicado en Familia Cristiana 11.1 (2026): 6-7.

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