¡Sé como Noé!
¿Alguna vez te has preguntado qué tan desanimado te sentirías si tú y tu familia fueran las únicas personas que siguieran a Dios en todo el mundo? ¿Alguna vez te has preguntado qué ridículo parecería construir un barco enorme para un diluvio mundial sin haber visto uno antes?
La mayoría de los niños que crecen en la iglesia conocen la historia de Noé y el arca. Fue un tiempo en que la tierra estaba corrompida por personas malvadas, excepto por un hombre llamado Noé (y su familia), quien halló gracia ante los ojos de Dios (Génesis 6:8). La maldad era tan extendida y común (Génesis 6:5) que Dios decidió destruir el mundo con un diluvio. Él le instruyó a Noé cómo construir el arca, qué materiales usar, qué animales traer, etc., y Noé obedeció a Dios (Génesis 6:22; 7:5). Noé, su familia y los animales en el arca fueron salvados (Génesis 7:13-16), mientras que todos los demás seres vivos fueron destruidos (Génesis 7:23). Después de cuarenta días y noches de lluvia constante, y aproximadamente un año en el arca, Dios sacó a Noé, a su familia y a todas las criaturas vivientes del arca a tierra seca (Génesis 8:15-19). En esa ocasión, Dios prometió que nunca volvería a inundar toda la tierra y colocó Su arcoíris en el cielo como señal de esa promesa (Génesis 9:11-17). Con Noé, la tierra volvió a poblarse. ¿Qué podemos aprender de Noé?
Sé fiel y obediente como Noé
Noé es uno de los mayores ejemplos de fe y obediencia en la Biblia. En el «capítulo de la fe» (Hebreos 11) se reconoce a Noé por su fe y su temor reverente a Dios, que lo llevaron a obedecerle incluso cuando no podía ver lo que le esperaba (v. 7). La verdadera fe conduce a la obediencia. Santiago nos dice que la fe sin obras está muerta (Santiago 2:17). Noé pudo haber creído que Dios lo salvaría sin construir un arca, pero al final, se habría ahogado si no hubiera seguido las instrucciones de Dios. Podría haber hecho el arca de pino en lugar de madera de gofer (Génesis 6:14) y haber llevado un animal de cada especie en lugar de dos (Génesis 6:19), pero él hizo exactamente lo que Dios le ordenó. La liberación completa de Dios requiere obediencia completa.
Como Noé, debemos tener una fe firme que nos impulse a obedecer a Dios en todo lo que hacemos. Debemos confiar en Dios incluso si no podemos ver todo el resultado. Aunque no sepamos con certeza lo que sucederá, servimos a un Dios que lo sabe todo. Por eso, obedecerle en todo siempre es la manera segura y correcta.
Sé paciente como Noé
En 2019, el COVID empezó a propagarse como un incendio forestal. Recuerdo que me impacienté durante ese tiempo. Estar en cuarentena o tener que mantener la distancia de los demás fue estresante. Extrañaba a mis amigos y a mi familia cristiana. Anhelaba el día en que todo volviera a la «normalidad».
Imagina cómo se habría sentido Noé. Debe haber sentido una soledad profunda cuando el mundo entero estaba corrompido por el mal. Debe haber deseado tener solo un amigo con quien compartir el amor de Dios (desde luego, Noé tenía a su familia). Imagina lo solitario y lo largo que fue ese tiempo en el arca. Solo pensar en todo esto me impacienta un poco. Sin embargo, nunca leemos en la Biblia que Noé se impacientara ni se quejara. Noé tuvo gran paciencia con el plan de Dios. Nunca intentó apresurar a Dios ni preguntarse por qué todo tenía que tomar tanto tiempo. Esperó pacientemente a que el plan de Dios se cumpliera, mientras él hacía su parte.
Hoy necesitamos aprender el arte de la paciencia; la paciencia es una virtud (Gálatas 5:22-23). Debemos tener esta virtud en todos los aspectos de nuestra vida. Debemos tener paciencia cuando no conseguimos lo que queremos. Debemos tener paciencia para discernir correctamente la Palabra de Dios. Debemos tener paciencia cuando atravesamos momentos difíciles. La lista podría seguir interminablemente. Aprender a ser pacientes nos llevará lejos en la vida y nos ayudará a sobrellevar sus «diluvios».
Conclusión
Al leer la historia de Noé en Génesis 6-9, podemos aprender muchas lecciones valiosas de él. Vemos muchas de sus cualidades, como su amor por Dios, su dedicación, su fe, su obediencia, su paciencia y mucho más. ¡Noé es un ejemplo increíble y, aunque también pecó como cualquier otro ser humano, fue fiel a Dios y halló gracia ante Sus ojos! Como él, siempre debemos esforzarnos por hallar gracia ante los ojos de nuestro Señor.
Publicado en Familia Cristiana 11.2 (2026): 14-15.